La práctica clínica de la especialidad médica denominada psiquiatría infanto-juvenil debe basarse siempre en un abordaje integrador, comprensivo y contenedor, abarcativo de las diferentes dimensiones del ser humano (biológica, emocional, intelectual, familiar, escolar, socio-cultural, moral, espiritual, etc.), y respetuoso de la dignidad y los valores de cada persona y de la diversidad humana.

Por otra parte, debe fundamentarse en la lectura de cada uno y todos los síntomas con criterios médicos y no médicos, una lectura que es complementaria y nunca excluyente. La lista de motivos de consulta es extensísima: sólo como ejemplo, desde fobias, agresividad o asma hasta hiperactividad, enuresis, dislalias o trastornos del sueño. 

  • El niño viene al mundo -es concebido- con un proyecto de desarrollo. Las circunstancias de la vida hacen que en todo y en partes dicho proyecto sea llevado a cabo. El niño depende, para el efectivo desarrollo de sus potencialidades, de los estímulos satisfactores que a su paso va hallando.
  • Si todo va bien, el entorno principalmente satisfactor logra que el niño confíe en su entorno. En tal caso su interacción con el mundo le genera placer. Hay distensión muscular y emocional, el estado habitual es de alegría. El niño desarrolla una confianza primordial.

  • Los seres humanos, como todos los seres vivos, están constantemente activos. En última instancia, toda actividad busca adecuarse al medio ambiente y lograr la supervivencia.
  • Sobrevivir es posible porque aquello que el ser humano requiere se encuentra en el ambiente. Desde la concepción, el sujeto busca lo que necesita y lo incorpora. Los estímulos activamente buscados y hallados se transforman así en satisfactores. Otros estímulos que sobrevienen son en cambio insatisfactores, y el individuo intenta defenderse de ellos.

La psicoterapia es hoy en día más que lo que la palabra indica: No es sólo “psico”, ya que eso la limitaría a dedicarse sólo a aspectos “mentales”, esto es, emocionales y cognitivos. Pero eso no es posible. También los aspectos biológicos, físico-moleculares y espirituales son representaciones de un mismo fenómeno único e indivisible: el ser humano. 

Tampoco se trata en sentido estricto de una “terapia”, lo que haría alusión a la curación de algo enfermo. Si bien quien solicita una psicoterapia se siente desestabilizado, sin poder regresar a su eje por sí mismo, no necesariamente eso es una enfermedad clínica en el sentido médico.