• El aprendizaje tiene lugar desde el inicio de la vida (la concepción).
• La necesidad de reequilibrio lleva al ser humano a buscar constantemente estimulación ambiental. Esta actitud de búsqueda es la curiosidad.
• La cultura satisface al individuo mediante determinados estímulos, diferentes que en otras culturas. Al adherirse a estos estímulos satisfactores aprendidos, el individuo desarrolla el interés.


• La interacción con estímulos satisfactores brinda placer y alegría, atrae, permite que el individuo fluctúe cerca de su propio eje de estabilidad.
• La interacción con estímulos repulsores produce displacer, miedo, hostilidad y distanciamiento respecto del entorno, hace fluctuar al individuo lejos de su eje de estabilidad.
• El estado denominado ansiedad (clínicamente estrés) se genera por gran fluctuación, lejos del eje de estabilidad.
• La ansiedad impide que el individuo de cualquier edad, pero sobre todo en edades muy tempranas, se reorganice alrededor de su eje e integre los diferentes aspectos de su personalidad.
• La ansiedad impide que el individuo se ocupe del afuera, en búsqueda de estímulos satisfactores, ya que el individuo se refugia en sí mismo (en su pasado, su futuro o su presente imaginado). Desde su exterior se lo juzga “distraído”.
• Es normal que en el ambiente haya una cierta proporción variable de estímulos satisfactores y otros productores de insatisfacción. Esto puede producir problemas en los aprendizajes, tanto más cuanto mayor es la tensión ambiental.
• Cuando se instala una cierta actitud de aprendizaje, un estilo constante en el tiempo, podría generarse un trastorno del aprendizaje, que merece tratamiento.
• Cuando el individuo presenta, desde el inicio de su vida o no, mayores vulnerabilidades (dificultades de “terreno”), es más fácil que los factores de riesgo ambientales abrumen al individuo, generando patología.